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Penumbras en los complejos de ocio como impulsores del turismo y el desarrollo. Reseña a La Rabassada: La utopia de l'oci burgès, de Sergi Yanes (Barcelona, 2011)
Domingo, 20 de Enero de 2013 13:48

Jordi Gascón (Acció per un Turisme Responsable – Foro de Turismo Responsable)

El Institut Català d'Antropologia, a través de Turiscòpia, uno de sus grupos de trabajo, y la editorial Punto Rojo han publicado La Rabassada: La utopia de l'oci burgès (Barcelona, 2011), elaborado por Sergi Yanes. El libro evoca el devenir de una de las primeras iniciativas de desarrollo turístico en base a la construcción de grandes complejos del ocio en Cataluña: el Casino de La Rabassada. El complejo se situó en las faldas de la Sierra de Collserola, el espacio montañoso que envuelve la ciudad de Barcelona. Impulsado por empresarios catalanes de la construcción a finales de la primera década del pasado siglo, el lujoso complejo aglutinaba hotel, servicios de restauración, balneario, parque de atracciones y casino de juegos de azar. Dada la distancia a Barcelona, también requirió la construcción y/o refacción de infraestructuras viales como la carretera y el tranvía electrico. Un siglo después de su inauguración, de todo ese esplendor sólo quedan algunos muros derruidos y otros restos dispersos escondidos en la frondosidad del bosque.

Tras dos décadas de un, hoy desinflado, boom inmobiliario estrechamente relacionado con el sector turístico en el que la construcción de infraestructuras de ocio similares se multiplicaron, y en pleno debate sobre el complejo Eurovegas impulsado por la corporación norteamericana Las Vegas Sands, el libro de Yanes es especialmente oportuno: nos permite recordar que no hay nada nuevo bajo el sol, y que sin memoria histórica estamos abocados a repetir errores sin extraer aprendizaje alguno.

La Rabassada: La utopia de l'oci burgès tiene la habilidad de contextualizar el complejo de La Rabassada en los intereses por desarrollar el turismo de la oligarquía y de los ayuntamientos de la conurbación barcelonesa. El libro narra como este interés se inició con la Exposición Universal de 1888 que tuvo lugar en Barcelona. Un evento que, aunque terminó con un sonoro fracaso técnico-científico, ámbito al que supuestamente se dirigía, y endeudó durante años a la ciudad, fue un éxito a la hora de atraer visitantes foráneos; ejemplo que evidencia que no siempre hay una relación directamente proporcional entre desarrollo turístico, su impacto en otros sectores económicos y la recaudación del erario público, como muchas veces se nos da a entender. Esta contextualización convierte al complejo de La Rabassada, no en un hecho aislado, sino en un capítulo más de la aspiración secular de la burguesía catalana por convertir la ciudad de Barcelona en un "lugar de destino" turístico. De hecho, Yanes entiende La Rabassada como una inversión heredera del boom turístico iniciado con la citada Exposición Universal.

Las instituciones públicas municipales dieron los permisos requeridos para la construcción del complejo, interesados, como ya hemos dicho, en el desarrollo turístico del territorio. El libro reproduce las actas de la junta de gobierno del Ayuntamiento de Sant Cugat (vecino a Barcelona y en cuyo municipio se situó el complejo), del que extraemos un fragmento especialmente significativo:

       “(El ayuntamiento ofrece) todas aquellas facilidades que esté en su mano conceder, máxime tratándose como se trata, de la atracción de extrangeros (sic), materia a la cual son muchos los Municipios que en los tiempos presentes prestan preferente atención destinando a ella cantidades del presupuesto y pudiendo el Ayuntamiento de S. Cugat hacerlo no sólo sin gastar un céntimo sino obteniendo un importante y saneado rendimiento” (p. 78)

Es interesante observar, tal como se narra en el libro y se expresa en esta cita, que fue la iniciativa privada quien se hizo cargo de todos los costos de inversión y funcionamiento, incluyendo la infraestructura energética y la de transporte. Las instituciones públicas, ayuntamientos en este caso, sólo se encargaron de expedir los permisos pertinentes y de recibir una parte de los beneficios en forma de impuestos.

Acompañado de un fuerte despliegue publicitario en España y Europa, La Rabassada se inauguró finalmente en 1911. A partir de ahí, el libro relata una historia de fracasos continuos. En 1913 el Casino entró en bancarrota. Habrán varios intentos de reflotarlo durante esa misma década (en 1914 volvió a abrirse durante un año, y de nuevo lo haría en 1919), siempre sin éxito. Yanes plantea que la principal causa del fracaso (o de los sucesivos fracasos) fue la legislación prohibicionista contra los juegos de azar, que cada vez fue aplicándose con mayor tenacidad. El juego tenía que ser la principal atracción y fuente de ingresos del complejo de La Rabassada. Sin ella, el negocio no podía ser viable.

En su aspecto histórico, la recuperación de la memoria del Casino de la Rabassada es anecdótico: se circunscribe a unos pocos municipios, y aún en ellos su impacto fue escaso o nulo. En el artístico, el valor de las instalaciones de La Rabassada tampoco son destacables (recordemos que para entonces ya había finiquitado el Modernisme catalán en arquitectura). El interés de la recuperación de la memoria de La Rabassada, tal como lo hace Yanes, está en que es un fenómeno (parafraseando a Lévi-Strauss) "bueno para pensar", especialmente en el contexto actual. Y es que nos descubre que las esperanzas depositadas en el desarrollo turístico a partir de la construcción de grandes centros de ocio no surgieron con la burbuja urbanística de los '90 (Marina d'Or, Port Aventura, Isla Mágica, Terra Mítica, Gran Scala, Warner de Madrid,...) y que aún se pretende mantener tras su "pinchazo" (Eurovegas, Barcelona World), sino que es una aspiración surgida al albur de nuestra industrialización. Y nos permite recordar que casi siempre han acabado siendo esperanzas marcadas por el fracaso. Unos fracasos que tienen un elevado costo social y medioambiental, y que generan apreciables agujeros contables en el erario público, aunque siempre haya quien obtenga pingües beneficios en el proceso.

Habría que destacar algunas diferencias entre el modelo de funcionamiento de los parques recreativos como el de La Rabassada, tal como se describe en el libro, y los actuales. Dos son especialmente remarcables. Por un lado, que en el caso de La Rabassada el empresariado accionista cargó los costos de inversión de las infraestructuras viales (tranvía, carretera) y energéticas (electricidad), y asumió todos los riesgos del negocio. Por otro, que las instituciones públicas tenían capacidad de imponerse a los intereses empresariales, como se observa en la prohibición de los juegos de azar. Ante esta realidad, habría que preguntarse como, a lo largo de un siglo, el sector empresarial turístico ha sido capaz de ir externalizando costos de inversión y funcionamiento al sector público; considérese el caso de Terra Mítica, que le ha supuesto a las arcas del estado más de 300 millones de euros sin contar infraestructuras viales y energéticas. O como, también, ha mejorado su capacidad de influencia en las políticas del Estado, al punto de conminarle con éxito a modificar sustancialmente la legislación laboral, sanitaria o medioambiental si lo considera oportuno; Eurovegas es un buen ejemplo.

Volvamos a las actas de la junta de gobierno del Ayuntamiento de Sant Cugat antes citadas, y que se reproducen en el libro de Yanes. Otro fragmento expone:

       “(El Casino de La Rabassada hará entrega) a este Ayuntamiento una subvención anual de veinte mil pesestas para ser destinadas a Beneficiencia Municipal o a lo que se estime más conveniente a los intereses de la población” (p. 78)

Uno no puede más que envidiar aquellos años en los que, no sólo el erario público no subsidiaba iniciativas privadas del sector turístico, sino que era éste el que subvencionaba la actividad de aquél.

Yanes explica, con un lenguaje ameno, lo que en primera instancia no parece más que un episodio curioso en la historia de una ciudad. Pero lo hace con rigurosidad. Una rigurosidad que, como ya hemos indicado, le lleva a contextualizar el fenómeno estudiado en unas políticas de desarrollo basadas en el turismo. Esta es, sin duda, el principal valor del texto: convierte una historia anecdótica en un caso que ejemplifica un proceso social, económico y político complejo.

Finalmente hay que agradecer al Institut Català d'Antropologia, a Turiscòpia (miembro del Foro de Turismo Responsable) y a la editorial que el libro se haya editado bajo licencia Creative Commons, y sea de acceso libre a través de la Red (http://rabassada.wordpress.com/el-llibre). De hecho, la tirada en papel ha sido pequeña, pues la edición ha privilegiado su distribución gratuita en formato electrónico.

NOTA: Esta reseña fue publicada originalmente en el volumen 11, número 1 de Pasos: Revista de Turismo y Patrimonio cultural


 
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